
Yo también he hecho un resumen de los 4 acuerdos
Lo que aprendimos de los toltecas.
A HOMBROS DE GIGANTES
10/19/20254 min read


Es un libro corto, que se lee en muy poco tiempo. Uno de esos libro que yo catalogo de esos que “dicen cosas tan obvias que no las piensas hasta que las dice alguien”. Está inspirado en la tradición tolteca, una corriente con una cierta componente esotérica que piensa que todo está hecho de luz y que todo es dios (lo cual los categorizarían como una espiritualidad panteísta). Sin embargo, como con todas las tradiciones, gran sabiduría se esconde bajo la superficie.
El mensaje central del libro es claro a la par que contundente: vivimos atrapados en un sistema de creencias que nosotros mismos hemos aceptado. Y a estas creencias las llamamos “acuerdos”. Muchas de estas creencias las heredamos de nuestra familia, de la cultura en la vivimos o de las personas con las relacionamos. Pero en definitiva, solo se pueden convertir en acuerdos si las aceptamos nosotros. Y una vez las hemos aceptado, se convierten en el Juez con el que nos juzgamos a nosotros mismos y con el que juzgamos a los demás.
Además de nuestro Juez interior, que evalúa todo lo que hacemos, tenemos una Víctima interior que sufre cada sentencia. Cada vez que no cumplimos con el ideal perfecto que hemos definido fruto de estos acuerdos el Juez nos castiga y la Víctima acepta el castigo. Es un ciclo cruel que repetimos casi sin darnos cuenta.
No todos los acuerdos nos hacen mal, muchos de ellos nos hacen bien. El libro propone aprender a diferencia aquellos acuerdos que nos hacen daño, romper con esos acuerdos destructivos e incorporar cuatro acuerdos fundamentales que nos ayudarán a vivir una vida más plena.
Estos 4 acuerdos fundamentales son:
Sé impecable con tus palabras.
No te tomes nada personalmente.
No hagas suposiciones.
Haz siempre los máximo posible.
Veámoslos ahora en detalle.
1. Sé impecable con tus palabras
Las palabras crean nuestra realidad, no pueden cambiar la realidad objetiva que hay ahí fuera, pero se transforman en nuestras creencias y esas creencias nos pueden hacer tremendamente desdichados e influir en como vivimos nuestras vidas. Ser “impecable” con las palabras significa no usarlas en nuestra contra ni contra los demás.
Decía Henry Ford (y hay una cita parecida de Confucio) que “tanto el que cree que puede como el que que no puede, ambos tienen razón”. Usando un término un poco más técnico, siempre me ha gustado mucho el concepto de Profecía Autocumplida. Básicamente, si pienso que voy a suspender estudiaré menos y suspenderé, si pienso que voy a aprobar estudiaré más y aprobaré.
Debemos ser muy cuidadosos con cómo nos hablamos a nosotros mismos, pues constantemente nos repetimos frases como “no soy suficiente”, “esto siempre me sale mal” o “no voy a poder”. Parecen inofensivas, pero terminan moldeando nuestra personalidad.
Lo mismo ocurre cuando hablamos mal de otros, especialmente con los niños. Mi madre solía decirme de pequeño que yo era impaciente, y durante muchos años yo creí que eso era cierto. Si con nuestras palabras vamos a crear un estigma sobre otra persona, mejor será que no lo hagamos; además, tarde o temprano, lo más probable será que se vuelva en nuestra contra.
Usar las palabras con cuidado, desde la verdad y la intención positiva, puede parecer simple, pero tiene un gran impacto.
2. No te tomes nada personalmente
Este segundo es bastante sencillo, cuando alguien te lance su veneno, no lo recojas. Cuando alguien te critica, te ignora o te hiere, está proyectando su propio mundo interno, sus heridas y sus creencias.
Básicamente, entendamos que todos estamos rotos y estamos siempre hablando de nosotros mismos. Ten compasión por quien tienes en frente; si te insulta, intenta imaginar cuanto se insulta a sí mismo. Sobre todo, no conviertas sus desvaríos en un nuevo acuerdo sobre ti mismo.
3. No hagas suposiciones
A nuestro cerebro no le gustan los huecos. Nassim Taleb lo llamó “la falacia narrativa”, al referirse a sucesos improbables y aleatorios para los cuales generamos una serie lineal de causas y efectos que nos inventamos totalmente a posteriori. Necesitamos generar historias simples que expliquen sucesos complejos de los que no tenemos suficiente información.
La solución que nos propone el libro es simple: en lugar de suponer, pregunta. No te montes películas, pregunta. La comunicación puede ser mucho más sencilla de lo que pensamos. Pregunta, pregunta y pregunta.
4. Haz siempre lo máximo que puedas
Esfuérzate, pero no te machaques. Debo reconocer que yo soy un perfeccionista al que le ha costado mucho entender que lo perfecto es enemigo de lo bien hecho. Todos los días no tenemos el mismo nivel de energía. Hacer siempre lo máximo no significa machacarse a hacer 10 siempre. Si hoy puedo dar 10, debo dar 10. Pero si mañana he dormido muy mal porque tuve que llevar a mis padres al aeropuerto de madrugada y solo puedo dar 6, pues daré 6.
No hagas menos del máximo que puedas, no seas vago. Pero tampoco intentes hacer más de lo que puedas, acabarás quemado. Haz siempre lo máximo siendo consciente de tus circunstancias y tu capacidad.
Romper los viejos acuerdos
Para hacer hueco a estos nuevos acuerdos es necesario dejar morir los antiguos. Esos acuerdos funcionan como parásitos emocionales, drenando nuestra energía y alimentando al Juez y la Víctima que llevamos dentro.
Romperlos no es fácil, porque llevamos toda una vida creyéndolos. Pero cada vez que practicamos uno de los nuevos acuerdos, estamos debilitando los viejos. Es un proceso lento y gradual, como la mayoría de cambios importantes.
Los 4 acuerdos no es un manual mágico, sus recomendaciones son tan básicas que es fácil pasarlas por alto. Pero a veces lo simple es lo que funciona. En el fondo, se trata de vivir con más conciencia y menos culpa.
Hace poco terminé de leer Los 4 acuerdos y me pareció que era una buena oportunidad para convertirlo en el primer artículo de este blog. No seré el primero en hacer un resumen de este libro, ni seguramente sea el mejor. Pero este es el mío y deseaba profundamente escribirlo.